El pequeño gran descontento de las calles

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El poder de la creatividad no tiene fin y la calle es el escenario más ilimitado existente para dar rienda suelta a la originalidad. El escultor gallego Isaac Cordal tiene una forma peculiar y diferente de expresarse y lo hace con esculturas diminutas recreando situaciones reales en entornos públicos.

Este artista lleva años traspasando fronteras e impregnando de sus ideas ciudades europeas como Nantes, Berlín, Londres, Bruselas y Amsterdam, entre otras. Entre las características de este autor, destaca la falta de color y la simplicidad de sus figuras, que, sin embargo, suelen transmitir siempre un mensaje trascendental y complejo. Las dimensiones mínimas de las figuras las hacen compenetrarse al máximo con su alrededor. Cordal tan sólo se encarga de fotografiar a la escultura en sí y después deja que sea la suerte la que mande en el destino de las esculturas.

Al tratarse de algo tan pequeño, muchos ciudadanos habrán pasado por encima o al lado de estas esculturas sin percatarse de la curiosidad de la escena representada. Cordal es capaz de aprovechar charcos, tuberías, lagunas, malas hierbas y cualquier parte del entorno aparentemente excluida de toda atención cotidiana, para dar así rienda suelta a su arte.

A lo largo de su carrera, Cordal se ha encargado de ejecutar ideas críticas con la sociedad, con la política, siempre buscando la reflexión. Una de las series más curiosas fue la de ‘Cement Eclipses’, cuyo fin no era otro que enfatizar los miedos y temores de los ciudadanos que habitan en las selvas urbanas. En Cordal será imposible encontrar perfiles risueños, todos son hombres cabizbajos, representados en ambientes decadentes. En muchas ocasiones, busca retratar la perturbación de hombres de negocios, indigentes que soportan el peso de la miseria humana. En resumen, figuras solitarias y aisladas comunes del día a día que pasan desapercibidas en el voraz acontecer diario.

Posted by Ohcua.es